• Catalina Morales Cadena

Efecto Pigmalion: El poder de tus expectativas


Cuenta la leyenda que Pigmalión, Rey de Chipre, decidió que quería casarse y puso una única condición: que su mujer fuera perfecta. Así que recorrió el país en busca de una prometida y pasó tanto tiempo sin encontrarla que se sintió cansado y regresó a casa.


Frustrado por su fracaso, pensó que ya no se casaría y dedicaría su vida a la escultura para poder plasmar en ella la belleza que no había encontrado. Un día cualquiera se dio cuenta de que una de esas hermosas mujeres que había tallado tenía algo especial y diferente, era tan bella y única que pasaba el tiempo contemplándola hasta que finalmente, se enamoró de ella.


Afrodita conmovida por el amor y el dolor que experimentaba Pigmalión por este enamoramiento, intervino y la convirtió en una mujer real, de carne y hueso, y se la entregó al Rey para que la hiciera su Reina y la cuidara de toda adversidad. Punto final. Por lo menos en lo que corresponde a Pigmalión…


¿Qué te parece? Es una hermosa historia, ¿no?, si nos ponemos muy exigentes tal vez sea, incluso, un poco sexista, pero no es el tema que nos atañe. Quiero que nos centremos exclusivamente en el hecho de que Pigmalión tenía tantas expectativas acerca de su que, de alguna forma, logró que estas se convirtieran en realidad.


Tal vez consideres que esto sucedió porque una diosa intervino y etcétera, pero ¿alguna vez te ha ocurrido? ¿alguna vez has tenido la certeza de que alguien va a hacer algo y ¡zas!, ¡sucede!?


Bien, algunos científicos también notaron que esto sucedía y se dedicaron a estudiarlo. Empezaron por trabajar con algunos docentes haciéndoles creer que un grupo común de estudiantes era compuesto por niños con inteligencia excepcional, así que los resultados que de ellos se esperaban eran extraordinarios.


Tiempo después, al finalizar la prueba, los científicos encontraron que ese grupo de estudiantes obtuvo resultados sobresalientes en comparación con aquellos de los que no se dijo nada. ¿Qué fue lo que pasó? Los docentes estaban tan convencidos de las capacidades de los estudiantes que hicieron todo lo que estaba de su parte para lograr que las desarrollaran.


A esto le llamaron, el Efecto Pigmalión o la Profecía que se autocumple. Es decir, las expectativas que los demás tienen sobre ti, inciden de forma negativa o positiva en la forma en que ellos se relacionan contigo y esas dinámicas de relación afectan también tu propia conducta, haciendo que termines mostrando lo que ellos esperan de ti, mucho o poco, bueno o malo… como Pigmalión con Galatea.


Lo interesante es que tú también lo haces con quienes te rodean, tus familiares, amigos, compañeros de trabajo, tu pareja y tus hijos. Tal como lo lees, muchas veces eso que te molesta o te encanta de los demás responde a la forma en que te has relacionado con ellos a partir de tus propias expectativas.



Por ejemplo, conoces a una persona X con la que empatizas, pero de repente, te sientas a conversar con otra compañera y te dice que no entiende cómo soportas a X y expresa una opinión muy diferente a la tuya y, más aún, puede contarte anécdotas que confirman sus argumentos.


Efecto Pigmalión: tú crees que X es genial y te has relacionado con ella desde allí, luego todas tus experiencias han sido más que satisfactorias. La otra persona cree que X es antipática y se ha relacionado con ella desde allí. Y ambas han visto cómo se cumplen sus expectativas.


Esto sería genial si siempre esperaras de forma positiva sobre todas las personas, ¿no crees?, pero, además, ellas también generan expectativas acerca de ti…


Piensa en una relación de pareja. Mientras estamos en la etapa de enamoramiento inicial, la otra persona nos parece perfecta pero, algún día descubrimos que tiene un defecto y luego cuando se hace más pronunciado, porque ya sabemos que existe y no podemos dejar de verlo, empiezan aparecer otros y otros más.


Sin embargo, nos quedamos allí, en esa relación porque ha sido bastante buena y, al fin y al cabo, tampoco somos perfectas, ¿no?. Sin embargo, conocer esos defectos, nos hace verlos cada vez con más frecuencia, discutimos por ellos, esperamos que desaparezcan y, con el tiempo nos preguntamos ¿dónde quedó esa persona maravillosa de la que me enamoré? Querida, siento decirte que se esfumo. En parte por la realidad y en parte porque tus expectativas se centraron en eliminar esos pequeños detalles que no te dejaban ver nada más.


Pasa con tus hijos. De repente descubres que tu hijo dice una mentira y luego otra y, lo conviertes en mentiroso, lo que es peor se lo dices, lo conversas con tu esposo, con tu madre, con la maestra y le recalcas muchas veces que debe decir la verdad (sin importar cuántas mentiras le hayas dicho tú antes, ¿no?)


Así que cada vez que te cuenta algo que ocurrió en el colegio, crees que miente y se lo haces saber, tratando de hacerlo decir la verdad a como dé lugar. Lo triste es que tal vez en esta oportunidad él no está mintiendo, pero aprendió que sin importar lo que diga tú no le creerás. Así que la próxima oportunidad no se esforzará en que le creas, tal vez ni siquiera te cuente lo que paso. Y cuando te enteres por la maestra, por otra mamá o por otro niño de lo ocurrido, confirmarás una vez más lo que temías: es un mentiroso.


¿Me estoy haciendo entender? ¿Logras ver el círculo vicioso que se va formando entre tus expectativas, tus conductas y las conductas de los demás? ¿Te ha pasado? ¿Has sentido la desesperanza de saber que sin importar cuánto te esfuerces no lograrás cambiar lo que alguien opina de ti?



Sin embargo, existen formas de aprovechar este efecto en beneficio de tus relaciones interpersonales, pero sobre todo de las otras personas, ¿te interesa saber cómo?, pues, bien aquí te dejo 5 recomendaciones básicas para que te conviertas en toda una Afrodita, capaz de convertir lo más hermoso de los demás en realidad.


1. Elimina las etiquetas: las personas somos mucho más que un mentiroso, una perezosa, una glotona, un infiel, un lento… Los adultos somos expertos reduciendo a las personas a una etiqueta, una cualidad o un defecto y nos olvidamos de todo lo demás que son y pueden ser. Así que deja de hacerlo. Deja de centrarte en ese aspecto específico que te molesta, deja de insistir en eso y ocúpate en encontrar tantos aspectos positivos como puedas en todos los que te rodean. Con los días notarás que tu vida es más agradable y, de paso, también harás que sea más fácil para los demás.


2. Promueve las potencialidades: Un “sí se puede” es capaz de cambiar todo el rumbo de una vida. No exagero. Apoyar a quienes te rodean, con un “tú puedes”, “confío en ti”, “estoy segura de que lo lograrás”, puede hacer la diferencia. Todos tenemos capacidades ilimitadas dentro de nosotros pero a veces nos quedamos estancados en eso que dijeron de nosotros en la infancia, en las opiniones de terceros que estaban viciadas por sus propios fracasos y limitaciones, pero se convierten en nuestra voz interna y no nos deja avanzar. Escuchar y sentir que alguien cree en nosotros es muy poderoso.


3. Cambia tus pensamientos: No es verdad que las creencias y los pensamientos estén tan arraigados que no puedan transformarse, los seres humanos somos cambiantes, no somos iguales que ayer y mañana seremos diferentes que hoy, así que podemos escoger lo que queremos creer y lo que queremos pensar. Para empezar, puedes proponerte pequeños retos cada mañana, darte la oportunidad de ver algo bueno en cada persona que se te acerca, decirlo en voz alta y guardarlo en tu memoria, así poco a poco irás construyendo nuevas imágenes mentales basadas en lo positivo que serán alentadoras.


4. Modifica lo que dices: Fíjate bien si eres de esas personas que contantemente se están quejando. Que se quejan, incluso, con anticipación para darse la razón cuando los inconvenientes aparezcan. Seas o no así, te sugiero que practiques cada día, durante por lo menos una hora hablar de forma positiva, a buscar formas alternativas de expresarte de manera optimista (sin perder de vista la realidad). No participes en conversaciones tóxicas donde todos se estén quejando y evita hablar mal de los demás. Crea tus propias opiniones positivas acerca de las personas y de las situaciones y dilas en voz alta, sin importar cuanta resistencia encuentres, es sólo una opinión para los demás, pero para ti y para los que se vean libres de tus quejas será un beneficio total.


5. Actúa de acuerdo con los resultados que esperas: Si quieres que alguien sea puntual, dale la oportunidad de cumplirte una cita y si llega tarde, no te centres en eso, sino en lo genial que está su vestido o en lo importante de su participación en esa reunión contigo. Si quieres que tus hijos salgan más rápido en la mañana, levántate y prepárate tú más temprano y elógialos por lo bien que hacen todo, por cómo mejoran cada día y sonríe, ¡¡sonríe mucho!! Sonreír, aún sin motivo hace que el cerebro se conecte con un estado de bienestar que va a contribuir a que tengas una visión más optimista día a día.


Te invito a que compartas este artículo con las personas que crees que se pueden beneficiar de él, y también entre tus contactos en redes sociales, mejorar la forma en que ves la vida, es un regalo que no tiene valor.


Si quieres profundizar en el manejo de las emociones te invito a que descubras mi entrenamiento online, Mamá en Control o que solicites una sesión de descubrimiento para que conozcas lo que el Coaching puede hacer por ti.


Ahora te toca a ti, ¿cuándo has sentido el peso de las expectativas de los demás sobre ti? ¿qué huellas han quedado en tu vida adulta de las expectativas que tenían tus padres o cuidadores en tu infancia? ¿cuál de estas estrategias piensas aplicar primero?

Te leo.

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